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Aparcamiento y transporte público en el Hospital General de Villalba: historia de un despropósito

Hospital General de Villalba - situación aparcamiento 2

Esta imagen refleja fielmente la situación de la movilidad del Hospital General de Villalba: el transporte público, autobuses y taxis, por diversos factores (frecuencia, precio, etc.) no resulta atractivo, y los pacientes y visitantes deben estacionar “donde pueden”, a veces de manera indebida, mientras que los autobuses de las lineas 680 y 696 circulan prácticamente vacíos (el de la imagen llevaba 2 pasajeros), y los precios de los taxis no hacen muy atractivo su uso, salvo caso de extrema necesidad.

En octubre de 2014, con algunos años de retraso, entró en servicio el Hospital General de Villalba. Debido a que el emplazamiento escogido por el que fuera alcalde de Collado Villalba, el socialista José Pablo González Durán, se encuentra “en medio de la nada”, sin servicio de transporte público en las proximidades (tren o autobús) y sin la posibilidad de estacionar el vehículo particular a una distancia más o menos razonable y terminar el trayecto a pie, fue necesaria la puesta en servicio, por parte del Consorcio Regional de Transportes de Madrid, de diversas líneas de autobús interurbano, además de modificar algunas de las líneas de servicio urbano de Villalba, para, en teoría, favorecer y facilitar el acceso al nuevo centro hospitalario.

Francisco Larrea - 140 - L1 - Hospital de Villalba

Tras la inauguración del hospital, varias líneas del servicio urbano de Villalba, explotado por Autocares Francisco Larrea, cambiaron de cabecera o de recorrido para comenzar, finalizar o pasar por el hospital, de cara a favorecer la movilidad de los vecinos de Villalba. Lamentablente, los habitantes de otros municipios no disponen de un servicio mínimamente eficiente y competitivo.

A pesar del importante volumen de pacientes esperable, en base al número de habitantes atendidos en este centro (más de 111.000), se cometió un error “de bulto” al determinar a la baja el número de plazas de aparcamiento, a todas luces insuficiente para el ingente número de desplazamientos que, a diario, se producen entre los municipios que han pasado a depender del hospital (Collado Villalba, Guadarrama, Alpedrete, Moralzarzal, Cercedilla, Navacerrada, Los Molinos, Becerril de la Sierra y Collado Mediano) y el centro sanitario. Un error que provoca que, a diario, a las 8 de la mañana el aparcamiento subterráneo esté completo, y comience una peculiar “lucha” por las escasísimas plazas de los aparcamientos exteriores. A la vista de la insuficiencia de las mismas, de forma espontánea se comenzaron a utilizar descampados de titularidad municipal próximos al centro sanitario, con el fin de poder dejar el coche en algún sitio. Incluso en ocasiones se emplea el aparcamiento exterior del tanatorio que la empresa PARCESA posee en las proximidades, ante la falta de condiciones técnicas adecuadas para estacionar el vehículo en alguno de los citados descampados, con riesgo de dañar los bajos del coche, por no hablar de cuando la Policía Local empieza a poner “recetas” por estacionamiento indebido.

Hospital General de Villalba - situación aparcamiento 1

Una imagen vale más que mil palabras: aparcamientos colapsados, coches estacionados donde se puede, y un solo autobús… ¿Hacían falta 4 marquesinas para esto?

Aquí el transporte público podría llenar un hueco insalvable, ofreciendo una solución transitoria a los problemas de movilidad existentes en torno al centro hospitalario, en tanto en cuanto se decide y presupuesta la posible ampliación del aparcamiento, seguramente ya de cara a las elecciones municipales y autonómicas de 2019. Sin embargo, debido a una negligente gestión (en adelante, “jestión”) por parte del Consorcio de Transportes de Madrid y de una de las empresas concesionarias del servicio de autobús, para los habitantes de Alpedrete, Guadarrama, Los Molinos, Cercedilla, Navacerrada, Becerril y Collado Mediano, el acceder al hospital en autobús es casi una quimera.

Debido a que la frecuencia de paso de dos de las líneas de autobús creadas para prestar servicio entre estos municipios y el hospital, la 680 (Alpedrete, Guadarrama, Los Molinos y Cercedilla) y la 696 (Collado Mediano, Becerril y Navacerrada) es, en el mejor de los casos, de 85 minutos entre servicios, la utilidad práctica de ambas líneas brilla por su ausencia.

En ambas líneas, explotadas por Autobuses Larrea, S.A., el servicio se presta con un solo autobús en cada una de ellas; en el caso de la 680 el autobús está todo el día “dando vueltas” (entendiendo como “vuelta” el recorrido completo de ida y regreso entre Cercedilla y el hospital), nada más llegar a la cabecera vuelve a salir con el siguiente servicio, con una parada en cabeceras, según el horario oficial, de 5 minutos en algunos momentos del día. Con esta frecuencia, el autobús no regresa a la cabecera hasta pasada 1 hora y 25 minutos, dejando al viajero muy poco margen de maniobra: ninguna consulta o prueba diagnóstica se pasa en menos de 5 minutos, y a poco que haya una segunda consulta o prueba a continuación de la primera, o que el servicio sanitario en cuestión lleve algo de retraso, aumenta considerablemente la probabilidad de que la estancia en el centro sanitario se prolongue más allá de la hora y 25 minutos, y que por consiguiente se pierda el autobús de regreso. Esta situación provoca que el viajero deba esperar otros 85 minutos en el centro hasta el próximo autobús, totalizando casi 3 horas entre el desplazamiento y el propio tiempo de atención sanitaria.

En cuanto a la 696 (Collado Mediano, Becerril y Navacerrada), el servicio es algo más “relajado” (para el conductor), pero es aún peor para el viajero, con “claros” entre servicios que oscilan entre los 90 y los 120 minutos, lo que puede conllevar que un desplazamiento hasta y desde el hospital se pueda ir más allá de 4 horas, cuando en coche apenas son 45 minutos (cronometrado), teniendo en cuenta el tiempo de viaje, encontrar un sitio para aparcar y ser atendido.

Y eso sin tener en cuenta la diferencia del coste económico entre el autobús y el coche particular. El hospital se encuentra en la zona tarifaria B3, mientras que Alpedrete, Guadarrama, Collado Mediano, Becerril y Moralzarzal se encuentran en la zona C1, perteneciendo a la C2 Los Molinos, Cercedilla y Navacerrada. Para un usuario que carezca de título multiviaje (bonobús de 10 viajes o abono transporte) y que adquiera un billete sencillo, el desplazamiento de ida y vuelta desde su domicilio hasta el hospital le supone un desembolso de entre 4€ (B3-C1) o 5,20€ (B3-C2). Considerando un desplazamiento de ida y vuelta entre Cercedilla (zona C2), que es el municipio más alejado, y el hospital, tenemos que en coche son, aproximadamente, 40 km el viaje completo de ida y vuelta; con un consumo de combustible (gasóleo A) de 6,5 litros a los 100 km, tenemos que el consumo es de 2,5 litros, que, multiplicados por el precio medio del gasóleo A en noviembre de 2017 en las gasolineras de la zona, 1,15€, nos da que el coste de combustible son 2,28€. O lo que es lo mismo: menos del precio de 1 billete sencillo para el trayecto entre Cercedila y el hospital, que son 2,60€, según tarifa oficial del Consorcio. Para una sola persona ya es rentable usar el coche en detrimento del transporte público, ventaja que se dispara, obviamente, si el desplazamiento es de 2 o más personas.

Con este planteamiento económico y esta “jestión” del servicio, llama poderosamente la atención que técnicos y mandos del Consorcio se lleven las manos a la cabeza y no entiendan por qué, 3 años después de entrar en funciones el hospital, los servicios de ambas líneas arrojan a diario, en el mejor de los casos, una ocupación de 1 o 2 viajeros en cada servicio, circulando la mayor parte del día el autobús completamente vacío, mientras los aparcamientos del hospital, tanto los oficiales como el “oficioso”, se saturan a primera hora de la mañana.

Con un servicio más orientado a cubrir las necesidades de movilidad de la gente, y no simplemente dirigido a cubrir expediente y decir “nosotros hemos puesto la línea, es el viajero el que no la usa porque no quiere”, seguramente habría más pasajeros, pero tal como está planteado actualmente, incluso los que no pueden disponer de coche “se buscan la vida” con vecinos y amistades para no tener que depender del autobús. Un mal endémico y tradicional del transporte público en España es dar un servicio escaso desde el comienzo, esperando que sea la respuesta del viajero, es decir, el aumento de la demanda, la que con el tiempo justifique de por sí el aumento y mejora del servicio. Respuesta que, dicho sea de paso, nunca se da, como ha demostrado la irrisoria ocupación de las líneas 680 y 696 en estos 3 años.

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